mercredi 4 août 2010

Jour 2 - Enseignement matin : Sr Lourdes (Espagnol)

“¿Quién es esta Sabiduría que llama?”


Preámbulo

La pregunta que ha sido propuesta como título para este tiempo de reflexión es, en si misma, sorprendente e incluso, se puede decir, inquietante… Quizá lo más “natural” hubiera sido preguntar “¿Qué es la Sabiduría?”… Esta pregunta ha estado latente en todos los movimientos de reflexión y en los movimientos filosóficos desde que el ser humano empezó a reflexionar sobre sí mismo… A pesar de las muy numerosas respuestas intentadas por los “sabios”, es una pregunta no resuelta aun de manera satisfactoria, …

La pregunta que ha sido realmente planteada, “¿Quién es la Sabiduría que llama?” no nos orienta solo hacia un saber, sino hacia un saber que, de alguna manera, identificamos con “alguien”… Paradójicamente, esta pregunta, un poco desconcertante y al mismo tiempo mucho más precisa, tiene una respuesta para el creyente. Por otra parte, para los discípulos de Montfort, es una buenísima pregunta que nos ayuda a ir al corazón de su espiritualidad como vamos a ver.

Debemos recordar que, cuando oímos la palabra “sabiduría” no pensamos espontáneamente en alguien… La Sabiduría, en su acepción más usual evoca más bien una calidad humana, un arte de vivir que tiene un vínculo con la práctica… Pero en definitiva, es una palabra con múltiples sentidos, una palabra con significación muy rica…

La Escritura lleva la huella de la riqueza de los sentidos de la palabra “sabiduría”… En el Antiguo Testamento, la sabiduría es vista poco a poco como:

Una cualidad humana:

 Un arte de vivir, de ser feliz

 Un saber vivir basado en la experiencia, la competencia, la práctica.

 Una conducta, un comportamiento que busca la armonía, la coherencia.

 Una capacidad de discernimiento.

Muchos textos del Antiguo Testamento recogen refranes, proverbios nacidos de la sabiduría popular (ej. Libro de los Proverbios) muy similares a los de otras culturas del Medio Oriente antiguo.

Un atributo, una propiedad de Dios mismo.

 Dios sólo es sabio dicen los profetas. Responden a los que, en las cortes reales principalmente, se toman por sabios y denuncian a los que han corrompido la Sabiduría (Is 5, 21; Jer 9, 22-23)

Un don de Dios que se debe pedir:

 Dios tiene su Sabiduría y puede comunicarla al hombre (cf. Oración de Salomón en Sabiduría 9). Es un don que sirve para actuar, concretamente, de la manera que le gusta a Dios, que es “agradable a sus ojos”…

Una figura femenina.

 Una personificación de la Sabiduría se dibuja poco a poco en textos como Proverbios 8, Siracida (Eclesiástico) 24 y Sabiduría 6 - 9. En estos textos, que son los más utilizados por el P. de Montfort, vemos aparecer la Sabiduría como una figura femenina, como una persona:

- Que viene de Dios (cf Si 24 3 y sg; Pr. 8, 22…).

- Que es anterior en la Creación (cf. Pr. 8, 23 y sg; Si 1, 4…).

- Que participa a la Creación (Pr. 8, 27 y sg…).

- Que es activa en la obra de la Salvación (Sb 10 - 19).

- Mediadora entre Dios y los hombres.

Estos diferentes sentidos de la Sabiduría se encuentran también en el Nuevo Testamento: cualidad humana y propiedad divina que tienen un vínculo con la búsqueda de la felicidad y que no coinciden siempre (cf. oposición entre verdadera y falsa sabiduría, especialmente criticada por Pablo y por la carta de Santiago, cap. 3). La cruz es el lugar de confrontación absoluta, extrema, entre la Sabiduría de los hombres y la Sabiduría de Dios. En definitiva, todos estos sentidos de la Sabiduria confluyen en Jesús. En muchos textos del Nuevo Testamento (cf. Prólogo del Evangelio de Juan; Col 1, 1-15; Ef 1; 1 Cor 17 - 30…) los autores bíblicos utilizan, para hablar de Jesús, lo que se había dicho de la Sabiduría en el Antiguo Testamento.

Podemos pues legítimamente preguntar: ¿por qué es importante para nosotros, discípulos del P. de Montfort, hoy y en este lugar donde estamos reunidos, Saint Laurent sur Sèvre, el interesarnos por esta figura? De hecho, los que quieren vivir el Evangelio según la espiritualidad del P. de Montfort, es decir nosotros, reciben gracias a él una invitación apremiante de la Sabiduría para ponerse a su escucha, seguir su escuela… Porque una de las intuiciones espirituales más fuertes de San Luis María Grignion de Montfort es precisamente el haber sido fascinado, seducido, iluminado, por esta figura de la Sabiduría y haber contemplado a Jesús de Nazaret bajo los rasgos de esta Sabiduría. En este sentido habla de él como Sabiduría Encarnada. Traduce esta intuición espiritual en sus escritos y la ha hecho vida. Es un elemento unificador de su espiritualidad.

Quizá algunos de entre vosotros tengais una idea del P. de Montfort como alguien desmesurado, algo excéntrico… incluso un poco iluminado… ¡Es verdad que ha sido presentado así por algunos autores! Pero, lo que vamos a intentar ver hoy es que esta manera de presentarle, de verle, no da una idea muy ajustada del P. de Montfort. En realidad, era un apasionado de Dios al que ha contemplado como Sabiduría. Ha reconocido en Jesús de Nazaret los rasgos de la Sabiduría de la cual habla el Antiguo Testamento y ha intentado reproducir estos rasgos en su vida. Dicho de otro modo, conocer mejor la figura de la Sabiduría bíblica nos ayuda por una parte a enriquecer nuestra contemplación de Jesús de Nazaret porque eso llama nuestra atención sobre algunos aspectos particulares de su vida y de su mensaje, de su persona, de su ministerio, de su manera de vivir entre los humanos… Resulta de ello una manera particular de vivir en cristiano, de situarse en el mundo y en la Iglesia. Por otra parte, conocer mejor la Sabiduría nos ayuda también, a comprender mejor al P. de Montfort, y lo espero, a vivir mejor de su intuición espiritual hoy en el mundo que es el nuestro y en el contexto que es el nuestro.

Pues, cuanto nos familiaricemos con la Sabiduría, más sensibles de ciertos aspectos de la vida de Jesús, y más podremos responder a nuestra vocación propia de monfortianos y monfortianas…

Por otra parte, haciendo lo que estamos haciendo, es decir buscando conocer mejor la Sabiduría, no hacemos nada más que seguir el deseo del P. de Montfort que grita en el número 8 del ASE (cap. 1: para amar y buscar la divina Sabiduría es necesario conocerla):

“¿Se puede, acaso, amar lo que no se conoce? ¿Se puede amar con ardor lo que sólo se conoce imperfectamente? ¿Por qué es tan poco amada la Sabiduría eterna y encarnada, el adorable Jesús? -¡Porque la conocemos poco o nada! Apenas si hay alguien que estudie como es debido –junto con el Apóstol- la sobreeminente ciencia de Jesucristo, la más noble, útil y necesaria de todas las ciencias y conocimientos del cielo y de la tierra.”

En este sentido, el hilo conductor de mi intervención va a ser sencillo…Vamos a mirar algunos textos del Antiguo Testamento donde se trata de la Sabiduría (¡no todos porque eso reclamaría mucho más tiempo, y así, cada uno de nosotros podrá tener el gusto de hacerlo en otra ocasión!) Vamos a ver como todo ello nos ayuda a contemplar a Jesús de Nazaret, qué consecuencias ha tenido en la vida del P. de Montfort y de la beata María Luisa Trichet… y qué consecuencias podría tener para nosotros.


Introducción – Invitados a una relación de amor: La Sabiduría va al encuentro de los humanos y estamos llamados a responderle

Sabemos que Luis María de Montfort ha encontrado su inspiración en el amor de la Divina Sabiduría que ha contemplado en los libros Sapienciales del Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento. El P. de Montfort hace una lectura espiritual de la Escritura… Por otra parte, una de sus obras mayores, el Amor de la Sabiduría Eterna, ha calcado su estructura del libro de la Sabiduría (libro de la Biblia)… El P. de Montfort no se sirve del texto bíblico para confirmar una doctrina ya construida, es para él la base, el fundamento, la fuente misma. Montfort está modelado por la Escritura leída, meditada, orada…

La Sabiduría, personificada como una figura femenina, se apasionada por el ser humano. No se dirige al conjunto del pueblo de Israel, sino a cada persona, para asegurar su felicidad. Le revela un arte de vivir, desconocido, práctico, portador de todos los otros bienes. Por eso Montfort expresa muy espontáneamente esta visión de la Sabiduría en el capítulo VI del ASE:

ASE 64 Existe un vínculo de amistad tan estrecho entre la Sabiduría eterna y el ser humano, que resulta incomprensible: la Sabiduría es para el ser humano, y el ser humano para la Sabiduría.

ASE 65 Esta eterna y regiamente amable belleza tiene deseo tan vivo de la amistad del ser humano, que para conquistarlo ha escrito expresamente un libro, manifestando en él sus excelencias y la pasión que siente por los seres humanos. Libro que es como una carta de la amante a su amado para ganar su afecto. Los deseos de poseer el corazón del ser humano que manifiesta en él son tan apremiantes, la solicitud que revela para ganarse su amistad es tan delicada, sus llamadas y anhelos son tan amorosos, que –al oírla hablar- se diría que no es la reina del cielo y de la tierra y que para ser feliz necesita de los seres humanos (Ver Pr 8,15-31).

ASE 66 En busca del ser humano recorre largos caminos o sube a la cima de las más altas montañas, ora llega a la puerta de las ciudades, ora penetra en las plazas públicas o en medio de las multitudes, y grita a voz en cuello: A ustedes, hombres, os llamo (Pr 8,4). “¡Oh hijos de los hombres! ¡Los estoy llamando desde hace tanto tiempo! ¡A ustedes me dirijo! ¡A ustedes llamo y busco! ¡Por su posesión suspiro! ¡Escúchenme! ¡Vengan a mí: quiero darles la felicidad!” (…)

ASE 67 [La Sabiduría dice] "Yo amo a los que me aman y los que madrugan por mí me encuentran (Pr 8,17), y al hallarme, darán con la abundancia de todos los bienes”.

ASE 68 Por tanto, hijos míos, escúchenme: dichosos los que siguen mis caminos; escuchen mis avisos, y serán sensatos; no los rechacen; dichosa la persona que me escucha, velando en mi portal cada día, guardando las jambas de mi puerta. Quien me alcanza, alcanza la vida (…)

Montfort proclama que la Eucaristía es la prueba de la pasión que la Sabiduría Eterna tiene por el hombre hasta el punto de ser su alimento (cf. ASE 71)

Montfort ha sido cautivado por este misterio. Lo que parece maravillarle es “el ardiente deseo de la Divina Sabiduría de darse a los hombres”.

El Capítulo VI del ASE pone de relieve los diferentes aspectos de este descubrimiento conmovedor que ha impregnado toda su vida, su oración, su misión…

- Frente a la inmerecida llamada de Dios, estamos ante un misterio.

- La Sabiduría y el hombre están hechos el uno para el otro.

- La Sabiduría tiene tal deseo de encontrar al ser humano, que ha tomado la iniciativa de ir a buscarle donde está y de vivir con él. Ha inventado los medios para estar con él y “dar testimonio más sencillamente de su Amor”: un “libro” (la Biblia), su Encarnación, la muerte en la cruz y la Eucaristía.

- El amor la empuja a buscar y unirse al ser humano y lo que propone a los que la encuentran, es nada menos que la felicidad.

- Para encontrarla y vivir con ella, el ser humano debe escucharla (habla) y velar cerca de ella.

- Estamos pues invitados a no desear otra cosa que ella y a buscarla con todas nuestras fuerzas.

- Tenemos que responder a este deseo de la Sabiduría para nosotros:

ASE 73 Deseemos y busquemos, pues, solamente a la Sabiduría: Es más valiosa que cualquier cosa (…) Sean cuales fueren los dones de Dios y los tesoros celestes que puedas desear, si no deseas la Sabiduría, estás deseando algo inferior a ella. ¡Ah! ¡Si conocieras el tesoro infinito de la Sabiduría hecho para el ser humano (…), suspirarías por ella día y noche, volarías presuroso de un extremo al otro del mundo y pasarías gozoso por el fuego y sobre filos cortantes, si fuera necesario, con tal de merecerla ”.

Vemos, en esta relación, que el P. de Montfort ha entendido muy bien que existen, por decirlo así, varios “movimientos”: el primero, la Sabiduría que toma la iniciativa y viene hacia los humanos, hacia nosotros. El segundo, que nos corresponde si queremos responderle, es decir acogerla: sentarnos, escuchar. El tercero, que nos lleva, con ella, a las encrucijadas del mundo.


I - Primer movimiento – La Sabiduría toma la iniciativa: Salir de sí mismo, ir al encuentro por amor

Vamos a dar un paso más para conocer mejor quién es esta Divina Sabiduría y las consecuencias prácticas de este misterio en la vida, la espiritualidad, la misión del P. de Montfort, de María Luisa de Jesús y la nuestra propia. Leamos juntos, prestando mucha atención, este texto del P. de Montfort que se inspira directamente del capitulo 8 del libro de los Proverbios y que conocéis ya bien porque constituye el hilo conductor de nuestra sesión:

ASE 66 En busca del ser humano recorre largos caminos o sube a la cima de las más altas montañas, ora llega a la puerta de las ciudades, ora penetra en las plazas públicas o en medio de las multitudes, y grita a voz en cuello: A ustedes, hombres, los llamo (Pr 8,4). “¡Oh hijos de los hombres! ¡Los estoy llamando desde hace tanto tiempo! ¡A ustedes me dirijo! ¡A ustedes llamo y busco! ¡Por su posesión suspiro! ¡Escúchenme! ¡Vengan a mí: quiero darles la felicidad!”

Miremos juntos este texto… Primero, veamos donde habla la Sabiduría … Son lugares públicos (los grandes caminos; la cima de las más altas montañas; las puertas de las ciudades; las plazas públicas, en medio de las multitudes…). Son lugares de paso… son lugares importantes para la vida de los seres humanos… son lugares muy importantes de “encrucijada” donde se juega la vida donde se entrelazan las influencias, donde se toman las decisiones… Allí donde los seres humanos viven, sufren, aman, sirven…

Luego estemos atentos a lo que la Sabiduría dice… Es una promesa de felicidad… La conferencia de mañana va a desarrollar este aspecto de la promesa de felicidad que se nos ofrece… Pero es muy importante no perder de vista esto: si Dios nos llama, si la Sabiduría nos invita es para que seamos felices.

Por último, tomemos conciencia que Ella toma la iniciativa de este encuentro, Ella hace la mayor parte del camino para unirse a los hombres, a nosotros. Ella da el primer paso.

El Siracida (Eclesiástico) amplia esta imagen que describe a la Sabiduría dando la vuelta a los cielos y recorriendo la profundidad de los abismos para encontrar un lugar donde plantar su tienda. Finalmente se enraíza entre los humanos (cf. Siracida 24)… En el prologo del Evangelio de Juan o en la carta a los filipenses (Flp 2, 6-11) se describe un movimiento semejante para hablar de la Encarnación.

Se trata de un movimiento de salida de sí mismo por amor, un movimiento que empuja a tomar la iniciativa de unirse al otro (los humanos) pese a las renuncias y al desprendimiento que esto exige… Bajo esta luz, es fácil contemplar a Jesús de Nazaret… ¿No es la imagen primera de Jesús-Sabiduría? Consideradlo… Él es, aquél que (a diferencia de los zorros en sus guaridas y de pájaros en sus nidos), no tenía donde reposar la cabeza (Mt 8, 20). Él es el predicador que recorría Palestina a lo largo y a lo ancho, el Hijo obediente cuyo último viaje (a la vez interior y exterior) le condujo de Jerusalén a la cruz. Ha caminado en medio de pescadores y agricultores, de pastores y recaudadores de impuestos, de rabinos y sacerdotes. (Ejemplos: Mc 2, 15-17 y paralelos; Lc 3, 12; Lc 7, 34 y paralelos; Lc 15, 1-2; Lc 19, 12; Mt 21, 31-32…). En resumen, ha caminado en medio de la gente… ha ido al encuentro de los seres humanos para ofrecerles el Reino, para ofrecerles vivir en relación con su Padre, para proponerles la felicidad.

¿Entonces, podemos preguntarnos: qué consecuencias para nuestra vida puede tener este descubrimiento de la Sabiduría que viene hacia nosotros por amor? ¿Qué implica eso para nosotros?


II - Segundo movimiento – Escuchar a la Sabiduría que me busca y me llama en las encrucijadas de mi vida. Acogerla en mi vida.

Volvamos al texto del ASE 66 inspirado de Proverbios 8. Puesto que la Sabiduría habla, llama, grita, es lógico decir que, para vivir plenamente el encuentro con ella, el movimiento natural consiste en ponerse a su escucha, escucharla… Tenemos que sentarnos, prestar el oído…

Escuchar y acoger a la Sabiduría en nuestra vida supone:


A. La oración

En numerosos textos, el P. de Montfort llama la atención sobre la importancia de la oración:

“La oración es el canal por el cual Dios comunica ordinariamente sus gracias, y de modo especial la Sabiduría.” (ASE 184)

Está claro, el que se decide a vivir una relación de amistad con la Sabiduría en la oración no se lanza a una tarea ardua o imposible… No, porque la Sabiduría se deja encontrar por los que la buscan, por los que la desean…

“La sabiduría se deja contemplar por los que la aman y la encuentran los que la buscan. Se anticipa a darse a conocer a los que la anhelan. Quien madrugue para buscarla, no se fatigará, que a su puerta la encontrará sentada… (Sb 6, 12-14)

Dice: “Dichoso el hombre que me escucha velando ante mi puerta cada día, guardando las jambas de mi entrada.” (Pr 8, 34)

Dichoso… La consecuencia de la escucha de la Sabiduría es la felicidad… El envite no es despreciable, es un envite de vida o muerte… Los textos bíblicos y monfortianos que nos alertan sobre esta elección crucial son numerosos y fuertes…

La Sabiduría, ella misma lo dice, es el bien más precioso al que podemos aspirar: (cf. Pr 8, 10-11): más precioso que las perlas y que el oro puro “Porque el que me halla, ha hallado la vida, ha logrado el favor del Señor ” (Pr 8, 35).

El P. de Montfort tiene una bellísimas páginas en el ASE para animarnos a pedir la Sabiduría en la oración… En el ASE habla de ello como del segundo medio para adquirir la Sabiduría (cf. Cap. XV 184-193).

Cuanto mayor es un don de Dios, tanto más difícil es alcanzarlo. ¿Cuántas plegarias y trabajos no implicará, entonces el don de la Sabiduría, que es el mayor de todos los dones de Dios?

Escuchemos lo que dice la misma Sabiduría: Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y les abrirán (Mt 7,7; Lc 11,9). Como si dijera: ¿Quieres hallarme? ¡Búscame! ¿Quieres entrar en mi palacio? ¡Llama a mi puerta! ¿Quieres poseerme? ¡Tienes que buscarme! Nadie me encuentra si no me busca. Nadie llega a poseerme si no me pide. Todo lo alcanzarás con la oración. (…) Si alguno de vosotros se ve falto de Sabiduría, pídasela a Dios, que da sin regatear y sin humillar; El se la dará (St 1,5). Advierte, de paso, que el Espíritu Santo no dice: “Si alguno se ve falto de caridad, de humildad, de paciencia”, etc., que son virtudes ciertamente tan excelentes, sino: “Si alguno se ve falto de Sabiduría”. Porque, al pedir la Sabiduría, pedimos todas las virtudes que ella encierra. (ASE 184)

En los números 185 a 190 del ASE, el P. de Montfort explicita como debe ser nuestra oración para pedir la Sabiduría: Tenemos que pedirla con fe viva y firme, sin dudar; con una fe pura, sin apoyar nuestra oración en consolaciones sensibles, en visiones o revelaciones particulares… La fe pura es el principio y el efecto de la Sabiduría en nuestra alma: Cuanto más fe tengamos, más Sabiduría; cuanto más sabiduría tengamos, más fe. Por último, tenemos que pedir la Sabiduría con perseverancia…

Un discípulo del P. de Montfort debe abrir día tras día la puerta de su corazón a la Sabiduría… y la llave de esta puerta es la oración. Debe cuidar especialmente la acogida de la Palabra en su vida, aprender a contemplar a Jesús en la Escritura como Sabiduría, como el P. de Montfort lo ha contemplado, con su mirada. El P. de Montfort apunta eso cuando dice en el número 193 del ASE:

ASE 193 A la oración vocal hay que añadir la mental. Esta ilumina el entendimiento, inflama la voluntad y capacita el alma para oír la voz de la Sabiduría, saborear sus dulzuras y poseer sus tesoros. Personalmente, no encuentro nada tan eficaz para atraer a nuestras almas el Reino de Dios, la Sabiduría eterna, como el unir la oración vocal con la mental mediante la recitación del Santo Rosario y la meditación de los quince misterios encerrados en él.

Cuando rezamos el Rosario, meditamos, en compañía de María, los misterios de la vida de su Hijo, y aprendemos a contemplarle como la Sabiduría Encarnada.


B. El discernimiento

Recordemos lo que se nos dice en el texto del libro de los Proverbios (capítulo 8) o en el n° 66 del ASE que sirven de hilo conductor a esta sesión: La Sabiduría se presenta para buscar al hombre en lugares públicos, en lugares de encrucijada… Eso quiere decir que no es la única voz que escuchamos… Su voz está mezclada a otros ruidos diversos… Eso es particularmente actual en nuestras sociedades pluralistas… Se nos ofrecen varias sabidurías, como a nuestros contemporáneos… se pueden dar varios sentidos posibles a nuestras acciones, a nuestra vida, a nuestras elecciones…

Es capital retener esto: Al que quiere abrirse a la Sabiduría, al que desea vivir según el arte de vivir de Dios, al que quiere encontrar el comportamiento recto en medio de las ambigüedades del mundo, se le dan signos y le es posible descifrar un camino que guste al Señor. Pero hace falta clasificar y escrutar los acontecimientos, nuestras propias intenciones. No existen evidencias claras. Hace falta considerar estas referencias como señales en una ruta; que indican un camino, que evitan perderse, pero a condición de saber a dónde queremos ir. Las referencias no evitan la decision ni conocer la meta que se persigue sino que las presuponen. Sin embargo, sin esas reglas, la meta no podria alcanzarse. Se trata de encontrar los medios para actuar, de la mejor manera posible en cualquier circunstancia.

Cada discípulo de Cristo, según el camino trazado por el P. de Montfort, debe estar particularmente atento a este aspecto de la vida. En efecto, no deja de alertarnos sobre las verdaderas y las falsas sabidurías presentes en nuestro mundo (cf. ASE 13-14). En el capítulo VII del ASE se titula precisamente “La elección de la verdadera Sabiduría” (N° 74-89) y está dedicado a alertar sobre estas falsas sabidurías presentes en nuestro mundo y que tenemos que saber apartar para elegir la verdadera Sabiduría que es Jesucristo. Algunos ejemplos dados por el P. de Montfort están anticuados, aunque muchas de esas reflexiones son de gran actualidad.

Como en cada período histórico, como en cada vida, Luis María y María Luisa han hecho, en su propia vida, la experiencia de la necesidad del discernimiento personal.

Según el P. de Montfort, esta necesidad de discernimiento concierne todas las dimensiones de la vida, incluido, por ejemplo, la verdadera devoción a María que tenemos que distinguir de las falsas devociones (VD 90).

Nunca ha dado una enseñanza explícita sobre el discernimiento espiritual pero sus escritos y su vida guardan numerosas huellas de su manera de proceder. Revelan la gran importancia para él de toda clase de discernimiento y su habilidad para buscar y encontrar los caminos del Espíritu en las circunstancias concretas. Por ejemplo por lo que concierne a:

- las diferentes formas de su propio apostolado;

- las orientaciones que tenía que dar a las personas que buscaban su dirección espiritual;

- las opciones entre lo verdadero y lo falso;

- la elección de lo que es mejor en una situación dada.

María Luisa tampoco ha formulado una enseñanza sistemática sobre el discernimiento. Pero ha hecho de él una realidad en su propia vida y, por sus escritos, se pone en evidencia una orientación profunda de su vida: buscar en todo la voluntad de Dios.

Podemos citar algunos ejemplos concretos de discernimientos sacados de la vida del P. de Montfort. (Uno sencillo: La elección de su vocación presbiteral u otro más difícil, el tipo de apostolado: ¿vida contemplativa o apostólica?: C 5).

Podemos citar también algunos ejemplos de la vida de María Luisa. Aunque salpicada por numerosos discernimientos (así, la elección de las fundaciones de comunidades…) la vida de María Luisa, ha sido marcada por varias elecciones particularmente decisivas y difíciles:

- Su vocación (cual será su manera de responder a la llamada a la vida religiosa que siente)

- La salida del hospital general de Poitiers: ¿debe dejarlo para ir a La Rochelle?

- La elección del lugar para establecer la “casa madre” de la congregación.

Tenemos que familiarizarnos cada vez más con la voz de la Sabiduría para aprender a reconocerla en medio de las otras voces, de los ruidos; a discernir su presencia en medio de las falsas sabidurías presentes en nuestro mundo…


C. La Eucaristía:

Otro gesto simbólico decisivo de la Sabiduría es invitar a todo el mundo: ricos y pobres, nobles y plebeyos, “los de dentro” y “los de fuera” a su banquete. Construye su casa sobre siete pilares…

“La Sabiduría ha edificado una casa, ha labrado sus siete columnas, ha hecho su matanza, ha mezclado su vino, ha aderezado también su mesa. Ha mandado a sus criadas y anuncia en lo alto de las colinas de la ciudad: « Si alguno es simple, que venga. »Y al falto de juicio le dice: « Venid y comed de mi pan, bebed del vino que he mezclado” (Pr 9,1-5)

En este texto vemos otra manera de actuar de la Sabiduría que se da a los seres humanos… Les invita a su banquete, un banquete bajo las características de la abundancia, la no exclusión y el amor.

¿Cuál es la finalidad del banquete de la Sabiduría? El compartir la comida en abundancia sugiere el compartir la vida en abundancia. Nada hace caer tan realmente las barreras sociales como el hecho de comer en la misma mesa. Nada muestra con más claridad el compartir un amor auténtico como el hecho de partir el pan, juntos.

Por último, observamos que este gesto es propio de la Sabiduría. No lo encontramos ni con la misma calidad, ni con la misma amplitud, en ningún patriarca, juez o profeta.

Jesús ha encarnado en su carne la invitación al banquete de la Sabiduría del Antiguo Testamento.

Jesús ha suprimido también todas las barreras por la simple elección de aquellos con quienes ha comido. Come con la muchedumbre, los pecadores, los ricos, los pobres, se mezcla con ellos, no excluye a nadie… y siempre es el banquete de la abundancia (cf. cestas que recogen cuanto sobra en la multiplicación de los panes…, vino de elección y abundante en Caná…)

Es una característica de Jesús y no de los demás profetas…

Cf. Mt 11, 18-19 “Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: "Demonio tiene." 19 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores." Y la Sabiduría se ha acreditado por sus obras. » (Y su paralelo Lc 7, 33-35: “Y la Sabiduría se ha acreditado por todos sus hijos.”)

Es otra manera de proclamar: “Soy yo la Sabiduría”…

Es importante observar también que en muchas parábolas se sirve de la imagen del banquete para hablar del Reino. Ya sea en las comidas en las que participa o en su enseñanza, encontramos los tres mismos aspectos: no exclusión, abundancia, amor. Leví, el recaudador de impuestos (Lc 5, 27-32); Zaqueo (Lc 19, 1-10); Simón, el fariseo (Lc 7, 36-48); Marta y María Lc 10, 38-42); multiplicación de los panes (Jn 6,5-13; Lc 9, 12-17) y Caná (Jn 2, 1-12).

En el momento decisivo de su vida, para mostrar el amor extremo que va a conducirle a la cruz, Jesús reúne a sus discípulos alrededor de una comida: es la Última Cena, la comida clave recordada por los cuatro evangelios (Mt 26, 26-29; Mc 14, 22-23; Lc 22, 14-18; Jn 13, 2-15).

Al contemplar los gestos de Jesús, el P. de Montfort ha comprendido la convivencia abierta como un gesto mayor para enseñar a la vez a los ricos y a los pobres: la no exclusión, el compartir, el amor… Numerosos ejemplos de su vida muestran cómo se ha implicado en encontrar medios para que las sobras de los ricos lleguen a los pobres que mueren de hambre, para romper las barreras sociales y que “los que no tienen” sean recibidos en casa de “los que tienen” para comer con ellos. Encontramos ejemplos que muestran “Milagros de abundancia”, multiplicaciones de los recursos…

Pero sobre todo, el P. de Montfort ha sido seducido por lo que se ha jugado en la última comida de Jesús, el banquete donde la Sabiduría se da ella misma en alimento.

“habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.” (Jn 13, 1); “Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer” (Lc 22, 15)

Jesús ha encarnado en su propia carne la invitación a su banquete hecha por la Sabiduría a toda la gente de buena voluntad (Pr 9).

La cena pascual es habitualmente celebrada en familia. Invitando a sus discípulos y a sus apóstoles, Jesús franquea ya los límites estrechos impuestos por el clan y la familia. Estos discípulos y apóstoles están destinados a recorrer el mundo entero y a vivir, adonde vayan, la no exclusión y la abundancia del banquete de la Sabiduría. En la Última Cena, la Sabiduría encuentra una manera de estar presente – partir el pan y beber el vino – superando todos los límites de tiempo, de espacio, de raza, de nacionalidad, de tribu y de casta. Jesús, como Sabiduría Encarnada, trasciende las barreras del sistema social en el cual había nacido. Jesús, precisamente como Sabiduría Encarnada, encarna en su propia vida el signo último de avituallamiento de las multitudes y de la multiplicación de los panes.

El P. de Montfort ha comprendido esto y lo dice con sus propias palabras. Nada resume mejor el objetivo y la finalidad del banquete de la Sabiduría, que por amor se da ella misma, que ASE 70-71. El misterio instituido por Cristo es la prolongación en el tiempo de este amor que empuja a la Sabiduría Eterna a hacerse hombre y a morir en la cruz (ASE 70 y C. 128, 1). Para que la muerte no le separe de los hombres, Jesús nos ha dejado la Eucaristía:

ASE 70 Finalmente para acercarse más a los seres humanos y testificarles su amor aún más sensiblemente, la Sabiduría eterna llegó hasta encarnarse, hacerse niño y pobre y morir por ellos en la cruz. ¡Cuántas veces no exclamó cuando vivía en la tierra: "Vengan a mí, ¡acérquense a mí todos! (Mt 11,28). ¡Soy yo, no tengan miedo! (Jn 6,20). ¿Por qué temer? Soy semejante a ustedes y los amo. ¿Temen, quizás, por ser pecadores? -¡Precisamente los busco a ustedes! ¡Amo a los pecadores! ¿Temen por haberse alejado culpablemente del redil? - Pero, ¡yo soy el buen pastor! (Jn 10,11.14). ¿Temen, quizás, por estar cargados de pecados, cubiertos de manchas y abrumados de tristeza? –Por eso precisamente deben venir a mí, pues yo los liberaré de su carga, los purificaré y aliviaré."

ASE 71 Queriendo… manifestar su amor a los seres humanos… no tiene inconveniente en cambiar y trastornar las leyes naturales. No se oculta en el brillo de un diamante ni de otra piedra preciosa, porque no quiere quedarse sólo exteriormente con los seres humanos. La Sabiduría se oculta, más bien, bajo las apariencias de un trozo de pan –alimento propio del ser humano-, a fin de que, al ser comida por éste, pueda llegar hasta el corazón humano y encontrar allí sus delicias. “Es el invento de un amor intenso”. “¡Oh Sabiduría eterna! -dice un santo-. ¡Oh Dios realmente pródigo de sí mismo por el deseo que tiene del ser humano!”

Una copla de la serie de los Cánticos dedicada a la Eucaristía expresa de manera extraordinaria el contenido del “Amor de la Sabiduría Eterna” N° 70-71. Se encuentra en el Ct 129, 2:

Aquí en la Eucaristía en verdad guarda,/ plenitudes de amor / plenitudes de vida; / es tesoro infinito; / él es Sabiduría, Amor del Padre; / mas su luz no decae, / aunque hasta nuestro mundo / se digna descender.

Encontramos referencias sobre la manera en la que el P. de Montfort presenta la Eucaristía en ASE, VD, SM, RM, RS; pero son los Cánticos sobre todo, (que hacía cantar durante la misa, la adoración, las procesiones, etc.) los que nos muestran su pensamiento, su sentimiento eucarístico, dejando entrever el ardor que lo animaba para ayudar al pueblo a comprender y a vivir el misterio de la Eucaristía.

Montfort estaba profundamente convencido de que la comunión sacramental es un momento de conformación vital a Cristo:

“El hombre justo que comulga / se convierte en otro Cristo, / se llena de su Espíritu / y de su vida.” (Ct 158, 9)

El don del Cuerpo y de la Sangre de Jesús, tiene por finalidad transformarnos totalmente en él:

“Da sin reserva / su carne en alimento, y en bebida / su propia sangre y alma y ser eternos, / con el fin de cambiarnos en él mismo.” (Ct 132, 3)

En la comunión

“Jesús y el alma son un solo ser. / Todo es común entre ellos.” (Ct 132, 4)

Y el fiel puede decir de nuevo con san Pablo: “No soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí.” (Gal 2, 20)

En el contexto del banquete de la Sabiduría, Montfort sugiere una preparación comunitaria antes de la comunión:

“Comamos el pan vivo, bebamos el vino de los ángeles, / muy frecuentemente, /muy santamente. / Comamos, bebamos / y nos fortalecemos. / Comamos, bebamos / y así viviremos, / rindiendo a Dios alabanza y honor celestiales / y así viviremos,

En un tiempo en el que la comunión sólo se recibía bajo la forma de pan, tal insistencia sobre “comer y beber” es llamativa. El conjunto del cántico y el plural de los verbos solo podía ayudar a las almas piadosas a salir del individualismo hacia una mejor comprensión comunitaria de la comunión.

Hablar del banquete de la Sabiduría es inútil y no tiene sentido, si no se encuentran maneras creativas y prácticas de hacer que la abundancia, la no exclusión, el servicio y el amor sean realidad entre la gente con la que vivimos y trabajamos.

Del mismo modo, participar a la Eucaristía exige comprender que participamos en ella como miembros de un solo cuerpo que se alegra y sufre cuando se alegra y sufre cada uno de sus miembros.


III - Tercer movimiento – Ir con la Sabiduría a las encrucijadas: la dimensión apostólica del encuentro con la Sabiduría.

Montfort y María Luisa han abierto completamente su puerta a la Sabiduría que les llamaba en las encrucijadas de su vida. Han incluso vivido una unión íntima y fuerte con ella…

En ellos se ve claramente que la vida espiritual no se encierra en la vida piadosa, sino que es testimonio y evangelización en el mundo. Los misioneros deben dejarse guiar por el Espíritu Santo sin impedimentos de orden afectivo o económico (cf. RM 7-9)

Como hemos visto, el objetivo explícito de la espiritualidad del P. de Montfort es la felici-dad. San Luis María se dirige así a la aspiración más fundamental de todos los hombres y de todas las mujeres. Pero Montfort y María Luisa no se contentan con disfrutar ellos mis-mos de esta felicidad. Ayudan a otros a llegar a ella. Como la Sabiduría, van por los cami-nos, por las montañas, a las ciudades, por todas las plazas públicas a su alcance, consa-gran a ello su vida, todas sus energías hasta el agotamiento y con una creatividad conside-rable.

De manera concreta, Luis María ha elegido seguir el modelo de la Sabiduría en marcha entre la gente.

Literalmente ha comprendido como otros santos, (san Francisco de Asís…) la necesidad que tienen los pobres marginados, tanto en el campo como en la ciudad, de este gesto fundamental. No podemos comprender la verdadera profundidad de esta necesidad si no hemos experimentado lo que es ser un sin-voz, siempre despreciado e ignorado… La presencia de alguien que comparte contigo lo que vives es anuncio para tí de la buena nueva y tiene pues una enorme importancia.

En sentido simbólico Luis María ha comprendido en toda su profundidad la metáfora del viaje: la necesidad de dejar continuamente lo que hemos realizado, de comprometerse en un sendero que lleva a un destino desconocido, de abandonar las certezas y vivir en la ambigüedad y la falta de seguridad; la necesidad de caminar fuera de las expectativas de la sociedad respetable.

Porque ha encontrado la Sabiduría, Montfort ha querido seguir su camino. Ha comprendido que este movimiento para ir al enciuentro de los demás y particularmente de los más pequeños, tiene su fuente en el amor y pide despojarse, “descender”, “perder”…

Sería sin duda enriquecedor que cada uno de nosotros buscara ejemplos de la vida del P. de Montfort y de María Luisa de Jesús que mostraran como vivieron esta salida de ellos mismos por amor, este movimiento de ir hacia los demás, particularmente los pequeños y los pobres… Podemos pensar en Luis María sufriendo el rechazo de Poitiers, en la Salpétrière… en la calle del “Pôt de Fer” donde estaba abandonado por todos… o el Calvario de Pontchâteau…, etc.

Para María Luisa podemos evocar: la primera comunidad de la Sabiduría, diez años de soledad, la incomprensión de su madre… la llegada a Saint Laurent… la calumnia de las hermanas en Saint Laurent…, etc.

Para Montfort esto se hace sobre todo por medio de la predicación. Donde otros predicado-res ven al pecador, Montfort ve al posible santo. Se llega a la clásica pregunta: ¿es la prác-tica de la virtud lo que lleva a la unión con Dios o es la unión con Dios la que desborda en la práctica de la virtud? Muchos místicos, entre ellos Montfort, prefieren la segunda hipóte-sis y él la encarnó de manera concreta especialmente durante sus misiones.

La opción por el pueblo sencillo y pobre responde, pues, a una visión teológica sacada de la Escritura, según la cual el Reino de Dios se ofrece a todos pero preferentemente a los pe-queños, a los pobres y a los humildes. Cristo mismo se hizo pobre y misteriosamente se escondió en los pobres y en los que sufren (Ct 17,14-15). Montfort y María Luisa tienen gran estima por la gente sencilla y por los pobres, al ser los más dipuestos para acoger la Sabiduría de Dios. La santidad consiste en ser espiritualmente pequeño (AC 31; VD 54; C 34). Aunque la misión va dirigida a toda la humanidad, siempre tiene que tener una mirada de predilección por los más pobres puesto que, según las palabras de Isaías que Jesús to-ma, «El Señor me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres ». El P. de Montfort y Maria-Luisa hicieron suyas estas palabras y las encarnaron en su vida de manera concreta (cf. RM 2) y diferente.

Para María Luisa esto se mostrará, entre otras cosas, en su infatigable coraje y creatividad para hacer nacer la Congregación. Por las fundaciones, las más variadas y difíciles, se sitúa en las encrucijadas de su época para llegar a los presos, a los militares, a los incurables... Al precio de: viajes, adaptaciones, fatigas, inventa con sus hermanas nuevas maneras de llegar a los pobres, para anunciarles que son amados, construye un edificio « en el anda-miaje de la Providencia »…

De esta orientación espiritual se deriva el amor concreto por los pobres de lo que Montfort y María Luisa toda su vida han dado pruebas.

Hablando de Montfort, Besnard escribe: “En los pobres sólo le veía a él (Jesucristo). En ellos le veneraba a él, les veía como un sacramento que ocultaba a Jesucristo. Decía ‘un pobre es un gran misterio, y hay que saber penetrar en él”. Esto es lo que él mismo pone en práctica, un claro ejemplo es el de Dinan donde toma a un pobre sobre su espalda y clama « ¡Abrid a Jesucristo!».

La actitud de Montfort hacia el pueblo sencillo consiste, ante todo, en escucharle y en lu-char contra los prejuicios de los que es víctima. El Cántico 18, Los gritos de los pobres, es una descripción realista de su dolorosa situación; Dios no les reprueba sino que promete su intervención de justicia y bondad, como en el Magnificat (Ct 18, 7).

También será esta la práctica de María Luisa que viendo pasar frío a los pobres poco abri-gados y mal vestidos exclama: « sí, ¡si yo fuera tela, me daría a los pobres! » Ella está a su servicio toda su vida y tendrá esa preocupación preferencial hasta en su lecho de muer-te cuando recomienda « no olvidéis a los pobres ».

Vemos que ese camino está abierto a todos; sin embargo, es de muchas maneras un cami-no distinto y único. Tiene su origen en la ternura de Dios, Jesucristo, Sabiduría crucificada y en el cuidado materno de María. Es un camino que – adaptado a los dones particulares de cada uno – conduce a cada individuo y por la humanidad a todo el cosmos, rápida, per-fecta, directamente y con seguridad (cf VD 168) a la unión con la Trinidad. El poder de esta espiritualidad ha sido probado no sólo en la vida de este misionero itinerante y de esta ser-vidora de los pobres, sino también en sus discípulos y en muchas almas cuya vida ha sido transformada por sus enseñanzas, a lo largo de los siglos.

En definitiva, Montfort propone a todos, y en primer lugar a María Luisa, una ma-nera de vivir: descubrir que la Sabiduría se da, descubrir su amor, descubrir que quiere nuestra felicidad.

Cuando se la ha descubierto, se intenta responder a su amor, vivir en su presen-cia y dar testimonio de ella para que otros, a su vez, lo vivan.

Esta invitación no es para una élite sino para todos.


IV - El fruto de la unión con la Sabiduría: coherencia de vida y fecundidad misionera.

Muchos testimonios de sus biografías certifican la presencia continua de Jesús y de María en la vida de Montfort y de María Luisa y testimonian de la relación en su vida entre la con-templación, el poder de su predicación y su coherencia de vida. Su unión íntima con la Sabiduría se traduce en un deseo ardiente de vivir como Jesús, de identificarse con él en todos los aspectos de su vida hasta la transformación de sí mismo en Jesucristo:

Ej.: “Me enseño su Nuevo Testamento y me preguntó si encontraba algo que decir a lo que Jesucristo ha practicado y enseñado (…) que no había otro partido que el partido de caminar… siguiendo a Jesucristo…” (Blain 332-333):

“Ha empezado hoy..; a pedir a mi amable Jesús la gracia de hablar como él y de actuar como él…” Carta 9 de María Luisa.

“Dado que lo esencial de esta devoción [verdadera devoción a María] consiste en el interior que ella debe formar, (…) [lo conseguirá] sólo aquel a quien el Espíritu Santo de Jesucristo revele este secreto y lo conduzca por sí mismo para hacerlo avanzar de virtud en virtud, de gracia en gracia, de luz en luz, hasta transformarlo en Jesucristo y llevarlo a la plenitud de su madurez sobre la tierra y perfección de su gloria en el cielo. VD 119

Una de las consecuencias es la radicalidad de la visión y del estilo de vida de Montfort y de María Luisa. Para Montfort, esto exige:

- renunciar a toda gloria o prestigio personal.

- denunciar las « falsas sabidurías ».

- proclamar la sabiduría del reino de Dios (sabiduría alternativa)

Esto lleva a un conflicto con las fuerzas del pecado y del mal, a comprometerse concreta-mente por el Reino.

Al exterder a todos la invitación de la Sabiduría, Montfort ha sido coherente con su propio camino. El camino que abre es el camino que él mismo ha seguido y que ha predicado a gente sencilla del campo del noroeste de Francia, al principio del siglo XVIII.


V - La Sabiduría aprendida al pie de la cruz.

Como acabamos de evocarlo, desgraciadamente, este camino de anuncio del amor de la Sabiduría para el ser humano no se recorre sin combate.

Las oposiciones, la calumnia, las humillaciones, las rivalidades y los obstáculos aparecen inmediatamente cada vez que, con celo y energía, un discípulo de la Sabiduría:

- anuncia (proclama) la verdadera sabiduría,

- denuncia las falsas sabidurías,

- hace una opción fuerte y pública por los pobres,

- lucha por la justicia.

Existen, cuanbdo menos, dos razones para eso:

Razón exterior: Cuando el bien aparece, las fuerzas del mal intentan combatirlo. Cuando se ponen intereses en juego, los que benefician de ellos se esfuerzan en conservarlos.

Razón interior: Incluso nuestras mejores acciones están manchadas por nuestra debilidad, nuestra impotencia, nuestros límites, nuestro pecado ya que no entramos siempre en este movimiento de la Sabiduría, en este movimiento de “ir hacia” por amor. Desgraciadamente algunas veces, es más bien el movimiento contrario el que domina en nosotros: egoísmo, repliegue sobre uno mismo…

El mal y las resistencias surgen siempre en el camino del discípulo que pone decididamente su vida al servicio del Reino. Ese combate interior y exterior, eso es la cruz.

No vamos a hablar aquí sobre la doctrina de la cruz según el P. de Montfort… Tendremos la suerte de hacerlo cuando vayamos a Pontchâteau dentro de unos días. Pero no es posible hablar de quien es la Sabiduría sin hablar de la cruz.

Jesús, la Sabiduría Encarnada, en coherencia con todas las elecciones que su amor incondicional para nosotros tuvo que hacer durante su vida terrestre, ha caminado libremente hacia la Cruz que se le presentó como una consecuencia inevitable de estas elecciones hechas por amor. En la cruz, se revela el culmen la Sabiduría de Dios porque es el lugar último donde se revela su amor por nosotros y la coherencia de su vida, su arte de vivir como humano a la manera de Dios un amor sin retorno.

La Cruz no se explica y no da otra razón que el amor. Le elección de la cruz es asombrosamente escándalo y locura. La razón de la muerte de Jesús en la cruz no se deja racionalizar; está más allá de nuestra sabiduría y de nuestra ciencia (Rom 11, 33). Más allá de la muerte y del sufrimiento brilla otro abismo, el amor de un Dios que se da. En Dios el amor hace la ley.

El P. de Montfort lo ha comprendido muy bien. Como San Pablo, ha aprendido en su propia vida que “el lenguaje de la cruz es locura” (1 Cor 1, 18). Sin embargo, nunca ha querido reducir a la nada esta cruz tan paradójica y chocante. (cf. 1 Cor 1, 17). Con San Pablo, ha predicado un Cristo crucificado, escándalo para unos y locura para otros, (cf. 1 Cor 1, 23). Como San Pablo, el P. de Montfort nunca ha querido encontrar otra gloria que la Cruz de Cristo (cf; Gal 6, 4), y su única gloria ha sido estar crucificado con él.

La experiencia que el P. de Montfort ha hecho de la Sabiduría está unida a su experiencia de la Cruz. Su descubrimiento de la Sabiduría se arraiga profundamente en el misterio de Jesús-crucificado. Descubre en el corazón de las cruces humanas la presencia del crucificado. Ya no puede separar la Sabiduría de la Cruz… En su experiencia mística, Dios le da la gracia de descubrir el misterio de la relación de la Sabiduría a la Cruz y por consiguiente, de nuestra relación con la Cruz. En esta experiencia, Luis María saca fuerza y valor para luchar, porque la cruz es un combate.

También, la espiritualidad de la cruz del P. de Montfort está profundamente unida a la experiencia que hace de la cruz en su propia vida. Varias experiencias se entretejen en él hasta hacer de él un enamorado de la Cruz:

- La experiencia de la Sabiduría Encarnada y Crucificada en el misterio de la Cruz que ha contemplado durante mucho tiempo.

- Su propia experiencia de la cruz, donde descubre la presencia de la Sabiduría.

- Su experiencia de una presencia junto a los que sufren, desesperan, son pobres.

Lo que Montfort dice sobre la cruz (¡tiene unos textos magníficos!) es siempre el fruto de una experiencia humana (la cruz vivida en su vida y en la vida de los que encuentra) y espiritual (la contemplación de la Sabiduría crucificada, la oración, la experiencia mística del amor de la Sabiduría). Para él, la cruz es menos un objeto de contemplación y de efusión sensible como un misterio que tenemos que ahondar y vivir.

Tampoco conviene olvidar el vínculo entre este misterio y el de la Encarnación. La Cruz, en efecto, está inscrita en la Encarnación. Su amor por nosotros conduce a la Sabiduría eterna a elegir, no solo a hacerse hombre, sino a aceptar morir en la cruz. (Ej.: ASE 70, 167-168)

Como sabéis, y ya hemos dicho, vamos a profundizar en este misterio de la Cruz a la luz de la espiritualidad monfortiana cuando vayamos a Pontchâteau dentro unos días. Pero digamos ya que, cuando el P. de Montfort grita “La Sabiduría es la Cruz y la Cruz es la Sabiduría” (ASE 180) y “Jamás la Sabiduría sin la Cruz ni la Cruz sin la Sabiduría” (ASE 172) no busca la Cruz por ella misma, sino que es la divina Sabiduría lo que desea y busca. Ha comprendido que la Cruz es el lugar donde el amor sin retorno de la Sabiduría Encarnada se expresa en el más alto grado. En adelante las dos son inseparables.

Conclusión

Hemos visto que, según su estructura fundamental, el camino de san Luis María Grignion de Montfort hacia la santidad comporta dos puntos mayores: la llamada de Dios no merecida y amorosa y la respuesta total a todos los niveles de la personalidad a esta voz que clama: “A ti te busco” ASE 66.

En el ASE vemos la relación clara entre “la aplicación de la Sabiduría” y la santidad. Adquirir la Sabiduría es adquirir su presencia en el alma y morar en ella; (cf; ASE Cap. VIII: Efectos maravillosos de la Sabiduría eterna en las almas de los que la poseen).

Montfort ve la virtud, la santidad, como consecuencia de la unión con Dios y no lo contrario. (cf. ASE 99). Esta unión es una gracia grandísima: “Gritemos: “Feliz mil veces un alma en quien la Sabiduría ha entrada para hacer en ella su morada.”(ASE 51)

Por eso tenemos que escucharla, porque habla, y seguir su escuela. La misma María Luisa, no habrá dejado de exhortar a sus hijas en este sentido: ej.: “Escuchad su voz y lo que os diga en el fondo del corazón” (C de ML 29)

Tenemos que responder a esta deseo ardiente de la Sabiduría por nosotros. Como ya hemos citado :

ASE 73 Deseemos y busquemos, pues, solamente la Sabiduría (…) No podemos desear otra cosa que la Sabiduría. Sean cuales fueren los dones de Dios y los tesoros celestes que puedas desear, si no deseas la Sabiduría, estás deseando algo inferior a ella. ¡Ah! ¡Si conocieras el tesoro infinito de la Sabiduría hecho para el ser humano (…) suspirarías por ella día y noche, volarías presuroso de un extremo al otro del mundo y pasarías gozoso por el fuego y sobre filos cortantes, si fuera necesario, con tal de merecerla! (…)”.

Por el proceso de toda una vida, la intimidad entre la Sabiduría y nosotros nos hace crecer y nos transforma: no estamos centrados sobre nosotros mismos, sino siempre orientados hacia la misión.

“… Existe un vínculo indisoluble entre nuestra consagración, la recepción de la Sabiduría y nuestra vocación misionera… Es útil representarse este proceso como un movimiento de espiral incesante. Movidos cada vez más por las caricias de la Sabiduría eterna, estamos empujados a una consagración creciente. Esta consagración creciente nos conduce, a su vez, a recibir con más profundidad la Sabiduría eterna, a una transformación creciente en ella y un ardor siempre mayor en Su misión.” (Humblet, 1993, pp. 75-76)

Hemos puesto mucho el acento en las consecuencias prácticas que resultan de la unión con la Sabiduría, en la coherencia de vida que es su fruto. El n° 102 del ASE nos indica este grado final de alegría:

“Nada tan dulce como el conocimiento de la Sabiduría divina. ¡Dichosos quienes la escuchan! ¡Más dichosos quienes la desean y buscan! Pero ¡mucho más dichosos los que andan por sus caminos y saborean en su corazón esa dulzura infinita que constituye el gozo y felicidad del Padre y la gloria de los ángeles! »

Vivir con la Sabiduría es practicar el arte de vivir de Dios, hacer su voluntad, “lo que le gusta, lo que le agrada a sus ojos” (Sb 9)… Comprendemos fácilmente que la que ha utilizado mejor este camino es María de Nazaret. Es el modelo de la mujer sabia según Dios. En ella se cumple la voluntad del Padre pura Sabiduría, en ella se ha encarnado el Hijo pura concretización y pura transparencia de la Sabiduría… En ella trabaja sin trabas el Espíritu dispensador de todos los dones, que son manifestaciones de la Sabiduría de Dios…

Podamos nosotros, con la Virgen María, la Madre de Dios y a su ejemplo, ser sabios según la Sabiduría de Dios y contarnos entre los bienaventurados “que la buscan, la desean, siguen sus caminos y los ponen en práctica”...

Sr Lourdes ALONSO hdls

St Laurent sur Sèvre, août 2010


BIBLIOGRAFÍA

COMITÉ DE COORDINACIÓN DE LA ESPIRITUALIIDAD DE LAS HIJAS DE LA SABIDURÍA (L. ALONSO, N. BOGLIOLO, N. JEAN-CHARLES, A. NIELSEN), Seis Imágenes biblicas para presentar la Espiritualidad de la Sabiduría. St Laurent sur Sèvre 2006-2010, 6 cuadernos.

DE FIORES Stefano smm, (bajo la dirección). Centro mariano montfortiano, Bogotá 1998. Responsable de la edi-ción española: Pío Suárez B. smm.

GAFFNEY Patrick smm, et allii Louis-Marie de Montfort : Théologie spirituelle. Rome, Centre International Montfortain 2002, 259 pages.

GILBERT Maurice sj, Les cinq livres des Sages, Paris, Cerf 2003, 304 pages.

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